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Don Carlo Viglietti fue el fiel secretario personal de Don Bosco en los últimos años de vida del santo. Le acompañó a todas partes, lo cuidó, lo atendió con infinita paciencia y ternura hasta el último momento de muerte. Nos ha dejado un precioso tesoro en la crónica escrita día tras día de los últimos cuatro años de la vida de nuestro padre. Viajes, detalles, anécdotas, palabras, gestos… Todo está recogido con la fina escritura de Don Carlo en los taccuini (cuadernos) que se han conservado en el Archivo Central y que recientemente han visto la luz con la edición crítica de los mismos por parte del Instituto Histórico Salesiano.

Releyendo la crónica de Viglietti, descubrimos no pocos motivos para la reflexión. El día 28 de enero de 1888, días antes de la muerte del santo, el cronista escribe: “Don Bosco se va agravando cada vez más (…) Ayer, esta noche, esta mañana, continua a delirar frecuentemente. Le oí repetir muchas veces: ¡adelante, siempre adelante!”.
El soñador delira. Y en el tramo final de su vida, extenuado y a punto de morir, continúa repitiendo ¡Adelante, siempre adelante! Quién sabe lo que soñaba…, aunque no sea difícil imaginarlo en medio de mil empresas, afrontando dificultades y animando a todos, ¡adelante, siempre adelante!
Dicen que uno muere como ha vivido. Pienso en las constantes de todo su proyecto: el entusiasmo y la tenacidad por la misión, por los jóvenes, por los pobres. Fiel reflejo de su vivir, Don Bosco sueña hasta el final con nuevos frentes, con nuevos proyectos, con nuevas fronteras que alcanzar, aunque para ello haya que afrontar dificultades y penurias.

Para nosotros, en tiempo de incertidumbre y complejidad, las palabras de Don Bosco son una valiosa herencia. Adelante, siempre adelante. Confiando en el Señor, como aquel pequeño campesino que muchos años atrás caminaba por la cuerda suspendida entre dos árboles y descubrió en su aprendizaje como saltimbanqui que el secreto estaba en mirar hacia adelante y caminar confiando en quien únicamente sostiene: “Tú eres mi Dios, fuera de ti no tengo ningún bien” (Salmo 16, 2).
Hoy como ayer, Don Bosco nos estimula a ir más allá, a no dejarnos vencer por las dificultades, a mirar lejos, a buscar nuevos senderos que recorrer, seguros de que Dios nos precede. El sencillo apunte de la crónica de Viglietti es valioso: nos redescubre el corazón de nuestro padre, un corazón apasionado, audaz, perseverante, confiado… Un corazón entusiasmado, porque – sin duda – estaba lleno de Dios.

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