A CONTRACORRIENTE. NECESITAMOS CURAS

18 marzo 2019

«A CONTRACORRIENTE», JOSAN MONTULL.

Salesiano, cura, profesor, licenciado en teología, twittero, educador, cinéfilo, teatrero, tertuliano, remo a contracorriente y apuesto a perder, uso el micro en la radio, el show en las tablas, la pizarra en el aula, el juego en el patio, la broma en la calle, la pluma en la prensa y todo lo que sea menester para acercar a Jesús a los chavales y construir una Iglesia sencilla y profunda donde todos puedan sentirse queridos y en casa.

Necesitamos curas…

En tiempos de crisis, de desamor, de exaltación de las divisiones… En tiempos de superficialidad, de corrupción, de culto al dinero, de vacío, de predicadores televisivos y de estrellas futbolísticas, en estos tiempos de escándalos sexuales y curias enfurecidas, de políticos irresponsables y populismos sospechosos… En tiempos donde parece que la profundidad está hibernada y la ternura en el letargo… En estos tiempos de chamanes, brujas, hechiceros, adivinos, gurús y mercaderes del espíritu… En estos tiempos que, mal que les pese a algunos, son tiempos de Dios, necesitamos curas.

Necesitamos curas

que compartan la vida de los enfermos

que acompañen a las familias

que quieran y no condenen a las familias que se han roto

que se esfuercen por comprender nuevos tipos de familia

que consuelen a los que sufren

que amen a los pobres

que escuchen a la gente

que acompañen y quieran de verdad a los jóvenes

que denuncien la injusticia

que acojan incondicionalmente a los emigrantes

que sonrían a los niños

que sepan estar junto a quien sufre

que bendigan a los ancianos

que jueguen y celebren la fiesta

que compartan la vida con la gente.

Necesitamos curas

que prediquen el Evangelio

que presidan los sacramentos

que bauticen a los nuevos cristianos

que den la cara por las víctimas de la injusticia

que propongan alternativas al aborto y acompañen a las mujeres que han abortado

que alegren la vida de la gente

que acojan a los niños no amados

que siembren paz en todos los ambientes

que condenen el machismo y la violencia de género

que griten contra la guerra, la violencia y cualquier terrorismo

que sean signo de Vida en los Hospitales

que manifiesten un cariño especial por los deficientes físicos y psíquicos.

Necesitamos curas

que aporten alegría y optimismo a la Iglesia

que enseñen a los que no saben

que compartan el vino, la tapa y la alegría en los bares

que amen a la María de Nazaret y enseñen a amarla

que en nombre de Jesús perdonen los pecados

que en las cárceles no den a nadie por perdido

que lo dejen todo por los demás

Necesitamos curas

que recen y enseñen a rezar

que bendigan la vida

que sepan reír y que se rían con la gente

que sepan llorar y que compartan el llanto

que animen la mortecina vida de los pueblos

que tiendan una mano a los toxicómanos

que ayuden a dar sentido a la vida de tantos hombres y mujeres

que celebren la presencia de Jesús en la Eucaristía

que estén entre la gente como uno más para que nos hagan siempre cercano a Jesús

Necesitamos curas

que confíen en los jóvenes y crean en sus posibilidades

que sean alegres, esperanzados y optimistas

que pidan perdón cuando se equivocan

que sean pobres y compartan su pobreza

que crean en la cultura, la música, las artes

que tengan amigos

que dialoguen con creyentes de otras confesiones

que charlen francamente con ateos

que descubran a Dios entre la gente

Necesitamos curas, no como funcionarios de liturgias frías, sino como personas que vivan su existencia como una consagración,

que -como el pan- dejen que su vida sea tomada y bendecida por Dios, que rompan su vida por los demás, que la repartan como el pan.

que -como el vino- derramen su vida, para que la gente tenga esperanza y vida, la vida que viene de Dios.

Necesitamos curas que vivan, se desvivan y mueran, si es preciso, por la gente.

 

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