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La campaña inspectorial SOMOS UNO nos propone crecer en la unidad. Se inspira en el pasaje de Jn 17, 21-23 “Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí.

El proceso escolar que vamos a llevar a cabo a lo largo del curso 2019/2020 contiene tres movimientos: la toma de conciencia del propio yo, el descubrimiento del otro como individuo también lleno de talentos, y la suma de ambos como unidad.

Es importante tomar conciencia de nuestra individualidad personal creada por Dios. No nos referimos al individualismo egoísta, sino a la individualidad como manifestación plena de la personalidad del ser humano. De ahí que sea necesario responder a la pregunta ¿quién soy? Es preciso realizar caminos de autoconocimiento que pongan de manifiesto la realidad del niño y el joven y que posibiliten un proceso de autovaloración y de crecimiento de la autoestima.

En este proceso, la persona se autodescubre llena de talentos y dones que le han sido regalados. Para ello, nos ayudamos también de la vida de santos que nos han precedido, personas que a lo largo de la historia de la Iglesia han descubierto los dones que Dios les ha regalado y los han puesto al servicio de los demás. Aprovecharemos este momento para llevar a cabo la semana vocacional, sirviéndonos del testimonio de los santos.

Al mismo tiempo que la persona se autodescubre como valiosa, toma conciencia de que los demás también son individuos valiosos. No somos, de forma individual, el centro del universo. No existimos solo para nosotros y para amarnos autocomplacientemente. Los demás también poseen talentos, en muchas ocasiones, diversos a los nuestros. Por eso, el binomio yo-tú nos hace complementarios, nos enriquece recíprocamente y, vistos en su conjunto, enriquecen también a la sociedad, que nos llama con urgencia a responder como Don Bosco a las necesidades de los jóvenes de hoy.

Don Bosco descubre la importancia de crear una familia que, trabajando unida y siguiendo la voluntad de Dios, construye una casa que acoge a cada persona en su individualidad, una escuela que establece procesos de crecimiento integral, una parroquia que toca el corazón desde el Evangelio y un patio en el que se palpa la unidad. Esta unidad carismática está inserta en la unidad eclesial. La Familia Salesiana y las Comunidades educativo-pastorales aportan sus dones carismáticos a la realidad de la Iglesia, formando así el Cuerpo Místico de Cristo. Unidos a Cristo, por la fuerza del Espíritu Santo, SOMOS UNO. En este camino, María es compañera de camino y maestra de discipulado. Ella nos enseña a decir sí, incluso en las dificultades que encontramos al mirarnos a nosotros mismos, al mirar a los demás, y al ser constantes en nuestro compromiso común.

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